
Terremoto
Pipeño bien frío, helado de piña y un chorro de granadina. El rey de la fonda: dulce, traicionero y más fácil de hacer que de pararse después.
Ingrediente
Vino joven de uva país, fermentado en pipas o tinajas; el alma del terremoto.
El pipeño es un vino joven, turbio y alegre, hecho tradicionalmente con uva país y guardado en pipas de madera o tinajas de greda. Se vende a granel en botellerías y almacenes del campo, especialmente en la zona central, y su temporada alta es septiembre: sin pipeño no hay terremoto.
Debe ser fresco, ligeramente dulce, con algo de aguja (una efervescencia leve propia de un vino que terminó de fermentar hace poco). Si sabe avinagrado, pasó. El blanco es el clásico para el terremoto; el tinto se usa en el africano.
Fuera de Chile o fuera de temporada, la aproximación más fiel es mezclar vino blanco joven con espumante a partes iguales, o usar un Moscato simple. No es pipeño, pero el terremoto sobrevive la sustitución mejor que cualquier otra receta del fichero.

Pipeño bien frío, helado de piña y un chorro de granadina. El rey de la fonda: dulce, traicionero y más fácil de hacer que de pararse después.

también: Terremoto africano
El terremoto oscuro: pipeño tinto en vez de blanco, mismo helado de piña, más carácter.

también: Terremoto en jarra
Cuando el terremoto es para todos: la jarra de un litro que se sirve por vasos en la fonda.

Pipeño tinto al borde del congelamiento, servido en vaso escarchado: el trago que se toma mirando la cordillera.

también: Réplica del terremoto
El vaso chico que se pide después del terremoto. Misma fórmula, mitad del tamaño, mismo resultado: pedir otra.

Ni terremoto ni réplica: el vaso mediano de 200 ml para los que miden sus fuerzas.

La versión indulgente del terremoto: un chorro de licor de cacao que lo vuelve postre y trago al mismo tiempo.